Anhelamos recibir lo mismo que nos dieron o que no nos dieron y esperamos que esa misma necesidad la satisfaga la pareja.
No obstante, todo ser humano tiene la oportunidad de liberarse de los condicionamientos del pasado, lograr la independencia y relacionarse afectivamente con una pareja de una manera adulta y madura.
Porque cuando una relación de pareja se basa en la dependencia y la sumisión, es probable que el otro se sienta con el derecho de actuar como progenitor y tomar todas las decisiones, inclusive sin consultar.
En esas circunstancias es cuando se producen los roces y las peleas, porque no se trata de los hechos objetivos en si mismos sino de la transferencia de experiencias infantiles de rebeldía contra los padres en la persona que hoy es pareja.
Cuando los integrantes de la pareja se valoran, se respetan mutuamente sin necesidad de recurrir a planteos o discusiones, no es tan imposible vivir con alguien incompatible si ambos consideran que el otro tiene el derecho de pensar diferente.
Parejas incompatibles no quiere decir que no tengan absolutamente nada en común, porque además de satisfacer sus necesidades inconscientes, hubo otras razones para sentirse atraídos uno por el otro cuando se conocieron.
El carácter opuesto atrae porque complementa, porque son como nos gustaría ser pero no podemos.
Sin embargo y a pesar de todo, cuando una pareja se destaca por ser ambos muy diferentes, es una gran oportunidad que tienen los dos para crecer.
Para lograr ser independiente en una relación de pareja, es imperativo tener alta la autoestima, que no es algo que se pueda lograr solo con buena voluntad, porque se va adquiriendo con una nueva forma de actuar, atreviéndose a ser más independiente, teniendo más confianza en uno mismo, aceptando que uno se puede equivocar y que no importa, porque fue una decisión propia y se está dispuesto a asumir la responsabilidad.
Comenzar a quererse y respetarse más, mejora la relación de pareja, ayuda a comprender al otro que siempre va a ser diferente de algún modo, pero sin dejar de ser nosotros mismos, ni tener que resignar nuestros principios ni renunciar a nuestras propias metas.
Porque tenemos que aprender a premiarnos por lo que hacemos bien sin esperar la aprobación del otro, a estar orgullosos de nosotros mismos sin necesitar de apoyo, a alegrarnos con la alegría del otro aunque sus objetivos no se relacionen con los nuestros y llegar a ser dos personas que deciden vivir juntas para desarrollarse y crecer individualmente, siendo felices por los logros propios y ajenos.
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