son las 3:28 am, escribo desde el teléfono porque tengo pendiente desde hace un año llevar a reparar mi computadora.
Corro el riesgo de que el insomnio me gane y lleguen las seis de la mañana junto a la energía de una niña de 2 años que empieza cada día como si fuera el primero de su vida, energía que debo, responsablemente, ayudar a canalizar.
Últimamente soy más cansancio que persona, más felicidad también, quien sabe quizás aprendemos a ser felices con lo que hay, estoy más cerca de los cuarenta de lo que me gusta recordar, pero también me siento enamorada de la persona que soy ahora y con ganas de entender que pasa después de que llegas a esa década, que todo parece más leve, al menos más «unapologetic».
Me desperté a renovar el dominio del blog, a pesar de que el último post es de hace dos años, y que deje pasar la fecha de renovación porque pensaba que quizás ya era hora de dejarlo ir. Más de quince años he estado pagando la anualidad, y en los últimos 7 he escrito menos de una vez por año, pero no sé, es una cosa que ya es. No puedo simplemente dejarlo ir, qué pasa si un día me levanto con insomnio a comer cereal porque «casi no cené», y no tengo donde escribir?
Seria catastrófico, hay cosas que simplemente no deben dejar de ser.