una cucharadita

a veces pasa que la vida se disfraza de esas heladerías popof, en las que te dan a probar con una cucharita pequeña los sabores que quieras, pero sabes que sólo puedes elegir uno, y no me refiero a  la variedad sino a la elección que hagas en ese momento, ok, los sabores son situaciones que debemos resolver, comerlas, una a una, una a la vez, algunas veces podemos hacer mezclas pero que pasa cuando es helado de mango y de ron con pasas, como que no va mucho entonces eso a merita que sea uno a uno, resolviendo cada cosa en ese momento, pero te quedas con el sabor en la boca, del delicioso sorbete de limón que probaste, pero sabes que ibas por otro, porque tocaba en ese momento.
las situaciones de la vida son especiales, únicas, y no son aleatorias, TODO lo que pasa más de una vez es porque debía pasar, porque una enseñanza o lección nos deja, cuando se trata de relaciones, vamos que es el tema que mueve al mundo, si ya sabemos que un humano puede aguantar todo lo que la vida ponga por delante, crisis, enfermedades graves, desempleo, todo con una sonrisa pero cuando se trata de un corazón roto, el puente más cercano se nos hace un buen lugar para ir y saltar, así somos, aunque lo neguemos, nos mueve el romance, los sentimientos, la pasión, eso que se siente cuando uno está en buena compañía, y tener que decir adiós es uno de los mayores temores colectivos, al final no es el miedo al amor, es el TERROR a salir con el corazón roto, pero ese riesgo siempre vale la pena, sino, de que se trata la vida?
no creo en la casualidad, todo pasa porque debe, porque cumple un orden, porque una pieza encaja en el gran rompecabezas del destino, porque debemos completar cosas, por eso, pero ¿qué pasa cuando el tiempo se detiene? cuando el todo se congela en un momento y no sabes que hacer, donde ir, que decir, que decidir, ni siquiera sabes porqué estás ahí, sólo sabes que es donde debes estar, es complejo, y te das cuenta que el momento es mejor congelarlo, dejar ese final abierto, no terminar, no firmar, porque hay veces en que no es el alguien equivocado, sino el cuando errado, y es mejor poder rescatar los personajes de nuestra historia cuando nuestros nuevos capítulos lo ameriten.
le tememos a todo, somos seres vulnerables, asustados de nuestra propia vulnerabilidad, atemorizados por nuestra propia fragilidad,  no ante la catástrofe, no ante los abusos de poder, no ante la economía, nos atemoriza más que nada en el mundo lo que no entendemos en nosotros mismo, la capacidad de amar y ser amados.
el día que crea en las despedidas habré sacrificado mi alma al mejor postor, la resignación.
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