desayuno luego existo

Soy la mujer que piensa. Algún día mis ojos encenderán luciérnagas.- Gioconda Belli

Ahora ante la inminente (más bien posible) muerte de mi blog tengo terror de perder, y es que me pasa así siempre, con todo, no se de que va esa áspera reacción de mi ser, esperar a que el final y las consecuencias estén cerca para accionar el botón de sentimentalismos (no drama) y hacer algo al respecto, por mí, por tí, por los otros. Pasa lo mismo que con la Universidad, esa anhelada Maestría que ante aquellos que entiendan el valor (poco) que tiene un papel con el sello de un prestigioso Centro Académico me posicionará en ese sitio privilegiado en que está la gente que dedica su vida a pensar, (que triste!).

En fin, va un poco por ahí la cosa, ¿porqué esperar a que las cosas estén por dar su último respiro para entrar en pánico y entonces hacer algo?,  o al menos fingir genuino interés, es como uno de esos placeres de la burguesía, cuando sabes que los finales a veces no llegan sino hasta cuando uno mismo lo decide porque por lo general tenemos una salida, proporcionada por nuestro certero, constante y familiar respaldo económico.

“Soy burguesa en recuperación” – no, no me siento orgullosa ni tampoco dejo de sentir orgullo porque como tantas cosas que nos definen, esta de manera jocosa explica un poco los vericuetos que mi vida recorre. Nunca había sido objetivo de semejante calificativo, de hecho creo que al llegar a Argentina me he tenido que despojar de un montón de conceptos y al mismo tiempo cobijarme con muchos otros, no para definirme sino para reconstruir, esto que a pedazos y a veces voy siendo yo.

No podemos negar o hacer desaparecer el lugar de donde venimos, no podemos pretender que nuestra cuna no existió. y no es una cuestión de decir, depende si la cuna fue buena o mala, no!, es lo mismo, el lugar de donde venimos juega un papel importante, lo interesante es hacer algo con eso, hacer algo.

Todo esto surge de la sensación tan placentera que sentí esta mañana, mientras la cafetera y el derretido dentro de la sandwichera despedían un olor similar el de los hoteles, ¡Podría vivir en un hotel!, me dije, -no, ya no, no hay tiempo para eso.

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