panes y vinos

ya no sé si siento…he perdido la capacidad de sentir, manifiesto. mi mente vuela a través de la memoria, es confuso, recuerdo haber sentido mucho un día y luego de subidas, bajadas, frenazos, regresos, disculpas, preocupaciones…ya todo lo que siento es un agotamiento general de TODO mi ser.
y no es en mala onda, no lo veo como algo negativo, todo el drama romántico que alguna vez inundó mi cabeza ahora es reemplazado por algunas básicas cuestiones.
1. quiero estar contigo, quieres estar conmigo sí o no?
2. en caso de ser positiva la respuesta eso implica que hay que dar lo mejor de uno para que se regrese, en la medida en que damos amor, lo recibimos y lo mejor es que sea de la persona a quien se lo damos; ya no es sólo romanticismo, es dinámica de vida, es genial, es maravilloso, es confianza, no hay ese temor de que a la mañana siguiente ya no exista nada, hay bases, se construyen y se disfruta el proceso, todo en positivo, no soporto más dudas, dar y que me digan que no de tanto, luego que me exijan como cuando daba mucho, entonces? estamos recibiendo algunas confusas señales, y es que es tan sencillo como hacer que la otra persona pase a formar parte de tu dinámica de vida, se convierte en parte de tu día a día, y saca sonrisas y te da abrazos por la noche, y llegas a casa y comentas como fue el día, y durante el día sabes que hay una fuerza invisible, un apoyo, alguien que está construyendo algo contigo. SIN JUEGOS.
3.en caso de que la respuesta sea negativa, pues genial también, todo bien, eres genial, nos podemos tomar un café de vez en cuando, ir al cine, compartir libros, si después de todo fue una época maravillosa!
lo que ya yo no puedo tolerar de nadie, es la incertidumbre, yo sé que es lo que puedo dar, y me puedo acomodar a lo que la otra persona tiene planeado, así soy yo, no me molesta, me gusta, pero si me cambias el guión cada 5 minutos, creeme que esa película no va a llegar a las pantallas, así pienso, y ahora sé que más nunca me pasa, al pan, pan y al vino…pues vino, los mensajes codificados no van a pasar por mi sistema, las señales a media no serán percibidas, las cosas como son, porque así es que se ahorra tiempo y se disfruta la vida, que después de todo es muy corta para andar dubitativo.
ok, trato de comprender la sucesión de los acontecimientos, no lo logro, y creo que no lo lograré nunca, como llegamos a ese nivel de enojo? no entiendo, y lo más seguro no lo entienda nunca, cada individuo es especial, con ideas propias, con personalidad, con carácter, y somos diferentes, y al comunicarse hay que tener en cuenta estos aspectos, no todos reaccionamos igual a las cosas.
se cometen errores. vale verga.

desvarío 50

eso de ser y hacerse, adulto? persona? ser humano? al final de cuentas no sabemos ni mierda que somos, donde vamos, que queremos, todo menos eso, que queremos? como responder esa pregunta? dándote cuenta que repentinamente en la vida las cosas no tienen sentido cuando tu mas lo necesitas? o que las cosas JAMAS saldrán como las esperas, y sin embargo la vida siempre te deja diciendo «bueno, no es tan malo, es lo que debía ser», sea como sea la vida nos enseña a que todo valga verga.
por mas crudo que suene, es así, sencillo, un dulce con merengue y dulce de leche, todo empieza a valer verga y es sencillamente por que las ansias de que «algo mejor vendrá» son reemplazadas por la certeza de que «algo vendrá», mejor o peor, vendrá.
sencillo, la primera decepción amorosa nos tumba y nos deja en el suelo un rato pero cuando nos levantamos aún brillamos, aún irradiamos positivismo y fe en el amor, en que todo lo puede y lo hace, la segunda vez aún hay algo de energía pero también cierta desconfianza de ese sistema, la tercera vez y subsiguientes todo el encanto se va perdiendo, llega un momento en que sólo quieres gritas «HASTA CUANDO LOCA!, CUÁNTO TIEMPO MÁS ME VAS A TENER EN EL PISO Y LEVANTÁNDOME? ME CANSA, ME DUELE, DETENTE» pero nadie sabe cuando se detiene, es la vida supuestamente son lecciones con cada experiencia vivida, pero esas lecciones cada vez duelen mas, no sé si cuando llegue «the one» todo habrá valido la pena, no hay forma de que pueda saberlo, lo que si tengo con certeza es la idea clara de que ahora mismo estoy HARTA de que me duela, cuando sé que podría estar siendo feliz, haciendo feliz a alguien que con sólo existir me hacía feliz.
y de paso, y fuera de tema…
yo tampoco le creo a Michelle Rodríguez que no tripee….ella tripea. yo sé que sí.

consideraciones sabatinas.

qué soy? qué somos? a veces me da por pensar que el hábito de la lectura ha sido la condena a saber, conozco a quienes viven con los conocimientos básicos que proporciona el simple hecho de vivir, es decir, su conocimiento y lo que «saben» se deriva directamente de lo que el sistema decide que todos debemos saber, nunca les interesó saber «más» de ningún tema y son felices! sí, lo son.
por otro lado, no sé que haría sin mis libros, y sin mis letras, sin mis personajes de las novelas y sin los modelos de mujer que «me gustaría llegar a ser», pero entonces cuando estoy en la ducha, me paralizo por completo, el pecho se aprieta y mis oídos escuchan hacia dentro, no concibo aún la idea de la muerte, o sea desde el punto de vista biológico, lo entiendo, nacemos para morir, he visto morir gente vieja, sabia, y gente joven en pleno despertar a la vida adulta, he visto morir a alguno de apenas horas de nacido, he visto morir animales, y plantas, y lo entiendo, pero…
sé que somos más, yo soy más que mi cuerpo, y lo que la naturaleza puso en mi codificación genética, no hay a ciencia cierta prueba de que seamos más, pero se siente, yo puedo hablarme a mi misma, hay algo más, la idea de dejar de «SER» me aterra, porqué? porque debe suceder? me criaron católica, me hice no practicante ni creyente de ninguna religión, quizás ese es el castigo, al no creer en ninguna religión las incertidumbres de la existencia las debes encontrar en solitario. Así, sin más.
el tiempo, no se detiene, y yo soy consciente de su avance, pero porque me lo enseñaron, y si sencillamente hacemos como si el tiempo no existiera? haría la diferencia en existir? sé que no, no hay forma de engañar a la perfección que hay en la sucesión de los acontecimientos naturales.
creo que todo es desafiable, la cuestión es, cuánto sacrificio y dolor, carencias, o quizás exito desmedido se puede soportar al desafiar?, definitivamente no es para todos.

soy

soy lo que soy,
lo que doy,
lo que amo.

soy lo que respiro,
lo que exhalo,
lo que siento.

soy lo que fui contigo,
lo que reímos,
lo que lloré.

soy el aire que me llena,
soy las lagrimas que limpian,
soy una.

soy lo que dijimos,
lo que prometimos,
lo que no fue.

soy lo que será,
soy yo,
soy una,
fui tuya.

Sal Con una Chica Que Lee (Parte 2)

Sal con una chica que lee (Por Rosemary Urquico)

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca. 


Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.



Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.


Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella. 


Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. 


Por lo menos tiene que intentarlo.


Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo. 


Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos. 


¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la sagaCrepúsculo. 


Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.


Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.


Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.


Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.


O mejor aún, a una que escriba.

Sal con una chica que No lee (Parte 1)

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.