extracciones sanguíneas y mi terror a ellas.

Hace tiempo no reflexiono sobre las cosas de la vida diaria, claro, reflexiones que quizás sólo a mi me importen. Hoy me fui a sacar sangre, odio las extracciones de sangre, tengo un piercing, estoy tatuada y nada de eso me dio miedo o me dolió, pero las extracciones de sangre son un suplicio, creo que ya he hablado aquí de este tema, pero bueno, es una cosa que suele ser anual, resulta que decidí ir porque anoche a eso de las 8pm me noté una bola bastante grande en el cuello, obvio con un viaje a pocos días me asusté y decidí ir, en lo que llegué a casa y cené ya se habían dado las 10pm, por lo que debía esperar 12 horas sin nada de alimento para poder hacerme los análisis, y así fue, me desperté a las 8am, ignoré mi rutinaria necesidad de café en cuanto abro los ojos, y ese, señores, fue mi primer y mayor error, el dolor de cabeza empezó como a las 10:30, porque obvio iba tarde para el laboratorio, pero desde las 9 am podía sentir mi estómago reclamando su alimentación a esa hora.

Creo que quizás fue por el hambre tan descomunal que tenía y el dolor de cabeza tan destructivo que la extracción en sí pasó a segundo plano, o quizás ya estoy madurando (era hora) y no soy la pequeña niña de 10 años que echaron de ese mismo laboratorio porque no se dejaba sacar sangre, creo que mi padre jamás se había sentido tan avergonzado, que horror, pero bueno, hoy día me porté bien, eran tantos los análisis que el tubo de la aguja era GIGANTESCO, algo así como un mosquito salido de Jurassic Park, pero yo decentemente me mordí un dedito y empecé a rezar, sí! estaba rezando, y literalmente la extracción duró lo mismo que el Padre Nuestro, descubrí que es un método muy eficaz que pretendo poner en práctica de ahora en adelante.

Lo que aprendí de este día fue que realmente no debo hacerme exámenes de sangre tan tarde en la mañana, y menos pretender hacer actividad física como ir de comprar y hacer mandados luego de que parte de mi sangre quedó en un tubo de ensayo, la verdad es que casi muero, mi madre me tuvo que ir a recoger al centro comercial y levantarme cual huevo frito en el suelo, al menos así me sentía.

Pero no es mi intención que esta sea una experiencia negativa, la verdad es que me siento orgullosa de haber sido tan valiente en mi consulta, haber extendido el brazo y no haber dudado ni un minuto, ya era hora, pero lo que me deja un poco enojada es que creo que realmente me merecía mi caramelo en palito, como el que consiguen los niños en las películas!

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